¿Entras con frecuencia en el Triángulo Dramático?

Alicia recibe una llamada de su amiga Laura para contarle que su relación de pareja va mal, su novio la maltrata, se pasa las horas en el bar y amenaza con echarla de casa… Alicia le dice que se haga respetar y que le ponga límites. En varias conversaciones hablaron de que la solución podría ser la separación. Por más consejos y ayudas que Alicia ofrece a Laura, la situación se mantiene e incluso empeora. Cada vez que Alicia intenta ayudar a su amiga Laura, esta sube el tono y le habla peor, llegando incluso a insultarla la última vez.

¿Qué está pasando?, ¿cómo se explica esta situación tan frecuente?

Si añadimos el dato de que Alicia tuvo una relación hace tiempo con un hombre donde recibió malos tratos, podemos pensar que Alicia y Laura están dentro del Triángulo Dramático de Karpman*. Ahora veremos cómo puedo explicaros esto.

En el Triángulo Dramático se dan tres roles: Víctima, Salvador y Perseguidor.

  • Perseguidor: es quien se coloca en una posición de superioridad frente al otro. Muestra desprecio a la otra persona y la infravalora (el otro es chungo).
  • Salvador: ve a la otra persona en una situación de inferioridad, y desde su posición de superioridad, le ofrece ayuda. (El otro no es capaz de salir por si sólo de donde está y yo le puedo ayudar)
  • Víctima: es cuando la persona se posiciona en una situación de inferioridad (yo soy chungo). Desde este lugar puede buscar a un Perseguidor para que la manipule o a un Salvador para que la rescate y la libere porque ella sola no puede salir de donde está.

Cuando Laura llamó a Alicia, no hizo otra cosa que mostrarle su dolor y sufrimiento, pero no le pidió ayuda específicamente. Alicia sintió que algo se le removía en su interior. El relato de Laura le abrió la herida antigua de su experiencia pasada, conectándole con las emociones que sintió entonces y se metió en la Víctima del Triángulo Dramático. Una vez que Alicia se situó en el rol de Víctima, buscó inconscientemente una salida de esa desagradable posición y como ya estaba en el Triángulo Dramático, solo le quedaban dos posiciones para salir de la Víctima: Salvador y Perseguidor. Por su naturaleza Alicia buscó la primera y actuó salvando a Laura. Con esta acción Laura entró en Víctima y para salir, solo le quedaba el rol de Perseguidor. Desde ahí Laura se rebeló, no le hizo caso, se enfadó y llegó a insultar a Alicia, persiguiéndola. Esto puede instalarse en la relación por un tiempo o por un largo periodo. En cada cambio de rol, se repartieron sensaciones, pensamientos y emociones desagradables para cada una y la relación se fue deteriorando.

¿Cómo entramos en el Triángulo Dramático?

Ante un estímulo generado por una comunicación que implica sufrimiento, dolor, o una situación angustiosa de la persona que tenemos enfrente, se nos puede activar una herida del pasado no resuelta. Esta activación implica sensaciones, pensamientos y emociones arcaicas, asociados a una vivencia de victimización antigua. Ya hemos entrado en el Triángulo Dramático desde la Víctima. Al sentir esto conectamos con una necesidad de parar ese dolor y buscaremos una solución conocida. Dado que la Víctima – por el hecho de serlo – está en el escenario del Triángulo Dramático, las vías de salida de esa posición de Víctima son dos: Salvador y Perseguidor. Cada persona tenemos tendencia a ser Salvador, Perseguidor o ambos, dependiendo de las circunstancias personales. Muchas veces elegimos profesión en función de estas tendencias, por ejemplo, con tendencia a ser Salvador: médicos, bomberos, trabajadores sociales, trabajadores de ONG, …. Con tendencia a ser Perseguidor: Inspectores de hacienda, fiscales, … Con ambas tendencias, policías, maestros, guardas, …

Si elegimos el rol de Salvador por mostrar un ejemplo, la persona que siente reactivado su dolor interno, tras el estímulo que le ofrece el otro en el momento presente, saltará al rol de Salvador para huir del malestar de la posición de Víctima. Cuando se ha consumado la “salvación”, la persona que tiene enfrente, que muy posiblemente tan solo le había mostrado su dolor o sufrimiento, al sentirse “salvada” se coloca automáticamente en la posición de Víctima. Esto le hace vivir la angustia de sentirse Víctima y lo que busca es una salida de esa posición. Como en este caso el rol del Salvador estaba ocupado, solo le queda el rol de Perseguidor, por lo que reaccionará persiguiendo al otro para dejar de ser Víctima. El Salvador al sentirse perseguido, no entenderá nada, pero se sentirá mal por la reacción perseguidora de la persona a quién estaba salvando, que le coloca en el rol de Víctima otra vez y volverá a intervenir…

Esto se puede repetir una y otra vez cambiando roles y posiciones, pero con resultados negativos o desagradables asegurados en cada movimiento.

Cuando Laura llamó a Alicia y le relató su desgracia, si Alicia hubiera sabido gestionar su propia angustia podría haber preguntado a su amiga, ¿Qué puedo hacer para ayudarte?, ¿qué necesitas?, ¿puedo hacer algo por ti?, o cualquier otra pregunta que permitiera a Laura pedir ayuda a Alicia. Así, tras esta petición, Alicia podría habérsela dado o negado. No habría habido ninguna alteración negativa en la relación y, tanto cada una como la relación en sí, seguirían sanas.

Si prestas atención a tu entorno probablemente descubras muchas situaciones que se desarrollan dentro del Triángulo Dramático, que generan conflictos y el deterioro de las relaciones. Podrían evitarse si se conoce previamente la existencia del Triángulo Dramático y se espera, gestionando la propia angustia, a que el otro pida lo que necesita.

* Stephen Karpman (discípulo de Eric Berne), publicó en 1968 “Fairy Tales and Script Drama Analysis”, en este artículo es donde por primera vez describe el Triángulo Dramático con los tres roles Salvador, Víctima y Perseguidor. Inicialmente lo concibió como un rectángulo, pero se dio cuenta que el cuarto rol al que denominó Joker o Tramposo, estaba en cada cambio de rol, por tanto, en las líneas rectas y no en los ángulos del Triángulo.

 

 

José Francisco Zurita

Estudié medicina porque quería ayudar a las personas a dejar de sufrir y mejorar sus vidas. Trabajando ya como médico, hace más de treinta años, en una comunidad terapéutica de toxicómanos, me di cuenta de que mis pacientes necesitaban algo distinto a los medicamentos que yo podía recetar. Descubrí entonces la psicoterapia humanista y me formé en varias escuelas. Con los años creé una metodología propia: la Psicoterapia Humanista Integrativa, que ejerzo y enseño en el Instituto Galene. Trabajando con mis pacientes a nivel emocional profundo, siento que hago la medicina que siempre soñé hacer. Mi primer libro lo publiqué hace 25 años en España, México y Portugal, Te lo digo porque te quiero, que acabamos de actualizar y publicaremos de nuevo en España. Después vinieron Me gusta crecer a tu lado, Gosto de fazer amor y, ya en colaboración con mi mujer, Macarena Chías, El duelo terapéutico y EmocionArte con los niños. Hace ya 14 años fundamos la revista de psicoterapia electrónica Bonding, ahora reconvertida en blog, que dirijo y en la que escribo mensualmente. Desde el mes de mayo de 2016 colaboro publicando los artículos de este blog en El Huffingtonpost.

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